Represiones y rebelión

Los reyes desnudos: ecos de la primera marcha nacional de la Generación Z contra el populismo mexicano

 La militancia populista que apoya al gobierno no paraba de decir que “apenas fueron 17000 personas”. Para llenar un lugar como el Zócalo, se necesitan 150000. Y la Generación Z lo llenó el sábado 15 de noviembre.
La militancia populista que apoya al gobierno no paraba de decir que “apenas fueron 17000 personas”. Para llenar un lugar como el Zócalo, se necesitan 150000. Y la Generación Z lo llenó el sábado 15 de noviembre.

“Prefiero una verdad incómoda a una mentira agradable”. A pocos días de asumir, el presidente Javier Milei citaba esta frase en tiempos donde había que empezar a reconstruir un país a las puertas de una hiperinflación mucho peor que la de 1988. Esta frase es la que, consciente o inconscientemente, está dando vueltas en la ya polarizada sociedad mexicana, donde la izquierda populista gobierna casi el 60% del territorio, tanto de manera federal, como estatal y municipal.

Y esa polarización la provocó desde el minuto cero el ex presidente Andrés Manuel López Obrador, quien, en 2012, tras dos derrotas consecutivas para ser presidente del país, dio el portazo al PRD, el partido de izquierda más grande de la historia mexicana, para formar su propio partido, el MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional), dejando pedalear en el aire a todos los que lo apoyaban desde ese partido y fraccionándolo en otro partido más, el Movimiento Ciudadano, que hoy gobierna dos de los tres estados más grandes del país. Pero hasta ahí no terminó el anciano dirigente. Logró que el PRD pierda su condición de partido nacional por la escasa cantidad de votos reunida en las últimas elecciones. Hoy, el Partido Revolucionario Democrático está presente como representación estatal, esperando el momento para reorganizarse y volver a ser el gigante que alguna vez estuvo a punto de ser. Claro, y también tomarse revancha del “divide y reinarás” que provocó AMLO, tal así las iniciales del jerarca populista.

EL FUTURO YA LO VEN

El 15 de noviembre apareció una verdad incómoda para el gobierno de quien fue (o sigue siendo) ladera de AMLO, Claudia Sheinbaum. La “Generación Z”, que no se come el verso de la perpetuidad gubernamental del PRI (Partido Revolucionario Institucional) y el PAN (Partido Acción Nacional), simplemente porque nunca la vivió, organizó marchas en las principales capitales de México, expresando su disconformidad absoluta ante un gobierno nacional que no sabe (o no puede o no quiere) frenar la ola de violencia y narcotráfico que nuevamente invade el país. Sumado también a que altísimos dirigentes morenistas están hasta el cuello de negociados con cárteles de droga, como el ex secretario de seguridad Adán Augusto López que, hasta hace poco, lo daban como presidenciable para cuando la gestión de Sheinbaum llegue a su fin.

En ese contexto se realizó la marcha civil más grande de los últimos años, llenando el Zócalo (del tamaño de cuatro Plazas de Mayo) y con réplicas en los centros neurálgicos de cada estado mexicano. Pero el miedo no es zonzo. Y mientras un día antes, jueces adscriptos al gobierno populista le niegan amparos a uno de los empresarios más fuertes de México, ahorcándolo con cobrarle injustamente el triple de impuestos simplemente por no ser adulador del régimen morenista, la capital del país se transformó en un cerco blindado, no solo con chapones, sino también con bloques de concreto. Algo lamentablemente común desde las épocas de Claudia Sheinbaum como jefa de gobierno. La Ciudad de México era una de las capitales mejor conservada en sus monumentos, pero el relato feminista, el “me too” y toda esa movida pro-aborto, dejaron crecer a grupos radicales que, con la cara tapada y con martillos y aerosoles, destruyeron cuanto monumento histórico se les cruce. Todo con la anuencia de Sheinbaum, la feminista, la primera presidente mujer del país, “el segundo piso de la cuarta transformación”. En síntesis, el kirchnerismo encarnado en México.

El empresario acosado por el gobierno de izquierda mexicano es Ricardo Salinas Pliego quien, junto con Carlos Slim, es uno de los empresarios más poderosos del país. Dueño de TV Azteca, el otro gigante de los medios nacionales y de Banco Azteca, la entidad bancaria más rentable y accesible de México (con sólo un peso y la documentación necesaria, se puede tener una cuenta bancaria, además de abrir al público todos los días de 9 a 9), siempre ha cuestionado desde sus redes sociales, los últimos gobiernos de izquierda, tanto el anterior como el actual. Pero esta vez, seguramente apalancado por los últimos triunfos de partidos de derecha en la región, como nuestro país, su editorial va aún más de frente. Decidió transformar su canal ADN 40 en ADN Noticias, con una bajada de línea muy fuerte cuestionando al gobierno federal. Fue el único medio nacional que se quedó en el medio de la manifestación de la Generación Z, mientras otros medios lo veían de afuera. Muchas encuestas lo dan como “presidenciable” y todo parece ser que se va por ese camino, aunque por el momento lo niegue. Eso está preocupando enormemente al oficialismo, primero porque no es un político de los clásicos, sino un ciudadano que genera empleo y, en sus medios, información y entretenimiento. Lo que se dice, una figura pública con voz y voto. El SAT (equivalente a nuestra ex AFIP) lo intimidó con pagar impuestos que supuestamente debía. Tras arreglar un plan de pago y traicionando su palabra, la entidad le triplicó la cifra por pagar, muy probablemente por orden del entonces presidente López Obrador. Justo la semana previa a la manifestación de la Generación Z, le anularon todos y cada uno de los amparos que puso. Pero van a ir por más. Desde la conferencia matutina que heredó de AMLO, no hay día que la “presidenta con A” se despache contra el empresario auto-declarado libertario. “A ver quién va a seguir anunciando en TV Azteca” fueron las poco felices palabras de la mandataria. Esto fue después que ADN Noticias ponga al aire un informe sobre “Los archivos ocultos de Adán Augusto”, otrora hombre de confianza del régimen morenista, acusado no sólo de facilitar el paso del narcotráfico sino también del robo de combustible para su venta clandestina, conocido como “huachicoleo”.

LOS TIRAPIEDRAS

La marcha nacional del 15N puso en alerta incluso a los fanáticos obradoristas, que trataron por todos los medios de imponer el relato de “fue una marcha de tías panistas”“jóvenes desinformados”“desestabilizadores y golpistas”“fueron 17000 personas nada más”. No dijeron ni una palabra cuando apareció, de la nada, el infame “bloque negro”, manifestantes con la cara tapada que se dedican a pudrir cuanta manifestación se les cruce. Eso sí, son inclusivos: cuando es el Día de la Mujer, son todas mujeres las que hacen destrozos.

Las sospechas de que son un grupo bancado por los gobiernos de la Ciudad de México y de todo México, ambos con la bandera guinda de Morena, crecen cada día más. En el momento más álgido de la marcha, aparece este grupo de inadaptados a patear y golpear las vallas cuasi-blindadas que se pusieron para proteger el Palacio de Gobierno. Cuando lograron el objetivo de voltearlas, oh casualidad, apareció la policía y los granaderos (así se los llama al cuerpo de seguridad, nada que ver con los nuestros) y empezó a repartir palazos, gases lacrimógenos y patadas de puntín a quien se le cruce, no importa si eran madres con sus hijos en brazos o jóvenes enervados de indignación. Todo eso a la vista de todo el mundo, que no dudó en destacar la represión ordenada desde las altas esferas gubernamentales. Nada de eso fue cuestionado por los adláteres del régimen, tanto periodistas y comunicadores como militantes y fanáticos. De hecho, muchos lo vieron como una batalla ganada, tanto en el territorio como en las redes, donde los bots morenistas viven pulseando contra la gente de a pie.

EL MÁRTIR

No solo fue el creciente narcotráfico y la consecuente violencia que se vive en un país con muchas espaldas para soportar crisis económicas provocadas por la pandemia y el primer gobierno de Donald Trump lo que provocó la inmensa manifestación del 17 de noviembre. El dólar está en modo estable hace ya tiempo y, como se sabe, la gente mexicana, como la argentina, vota lo que encuentra en su bolsillo, lo que hizo que la “4T” siga seis años más, ganando las presidenciales de manera holgada. Un hecho criminal sacudió a la sociedad toda y desnudó a la reina Morena casi por completo. El presidente municipal de Uruapan, Michoacan, Carlos Manzo, fue asesinado en medio de un evento local. Ya venía de varias denuncias y de una lucha desigual contra el crimen organizado. Lo dejaron solo. Asumió su esposa y ya dijo que va a haber un fuerte voto castigo al partido gobernante. Michoacán es uno de los estados más conflictivos del país, con narcotraficantes, el ejército y grupos de campesinos armados, todos en una cuasi guerra civil por territorios altamente codiciados.

NI BUENOS NI SABIOS

México es una olla a punto de explotar, pero con un montón de personas cubriéndola para que, al menos, implosione.  La marcha de la Generación Z lo puso aún más en evidencia. No va a ser la única que hagan, a pesar que el aparato propagandista del gobierno quiso imponer que fue “financiado por la derecha del exterior” y que, en plena conferencia gubernamental, mandaron al frente a un activista a tal punto de obligarlo a exiliarse de México. Lo hicieron publicando sus datos personales en una supuesta transacción con el Partido Acción Nacional, opositor de Morena. La desesperación por bajarle el precio a la marcha, en parte rindió sus frutos en un país que se olvida rápido de crisis políticas cuando lo que no hay son tantas económicas. A diferencia de nuestro país, donde la macro está controlada y sólo falta la micro, en México sucede casi al revés. La macro está tambaleando por la ida sin retorno de empresas como Samsung y de emprendimientos revolucionarios que, tras la reelección de AMLO disfrazada de Claudia Sheinbaum, decidieron cancelar todo, como el proyecto de una fábrica de autos Tesla en Monterrey. Los fallidos proyectos emblema de ambas gestiones populistas, como el turístico “Tren Maya” que está destruyendo un ecosistema que tardo miles de años en crecer o el aeropuerto Felipe Ángeles, de mucho menos tamaño que su homólogo en la Ciudad de México y que AMLO ordenó construir cancelando el faraónico e imponente proyecto de otro aeropuerto en otra zona del Estado de México, están marcando a fuego la inoperancia y el despilfarro brutal de dinero público que está haciendo esta gente. Muchos compraron la retórica de López Obrador, pensando que iba a ser una bocanada de aire fresco después de 80 años de gobierno con el PRI y de 12 con el PAN. Terminaron siendo peores que el viejo PRI. Las enfermedades, a veces, terminan siendo más grandes que los remedios.

 

¿Qué pasará el día de mañana? ¿O más lejos en el tiempo, en el 2030? Nadie lo sabe. Lo que sí es que el “pueblo bueno y sabio”, como bautizó López Obrador a sus seguidores, termine despertándose del todo para poner el último clavo del cajón del “socialismo del siglo 21”.

 

 

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